
El pasado jueves 30 de octubre, nos lanzamos al Palacio de los Deportes, al oriente de la CDMX, para ser parte de una noche que se sentía histórica: los 30 años de Molotov, una banda que ha marcado al rock mexicano con su irreverencia, crítica social y actitud combativa. Tres décadas después, el cuarteto sigue dejando claro por qué son un referente, incluso con la ausencia de Tito Fuentes, su vocalista principal. En su lugar, el escenario recibió a Jay de la Cueva y Pato Machete, quienes se sumaron al festejo con todo el poder.
En punto de las ocho, las luces se apagaron y el rugido del público marcó el inicio con “Que no te haga bobo Jacobo”, tema con el que también abrieron su primer álbum ¿Dónde jugarán las niñas? (1997). Desde ese momento, el recinto se convirtió en una sola voz. La euforia no paró con rolas como “Oleré y oleré y oleré el UHU”, “Amateur” y “Chinga tu madre”, demostrando que Molotov sigue siendo pura gasolina para la generación que creció con su música… y para la que apenas los descubre.
El Palacio de los Deportes lució a reventar, y entre el sudor y el slam, la banda sorprendió al aventarse “Rastamandita” casi al inicio del show una canción que usualmente reservan para el cierre, pero la jugada funcionó: el público estalló y el ritmo no bajó en ningún momento. Cerrando este primer bloque, “Changüich a la Chichona” terminó de encender la mecha con su clásico humor ácido.


Uno de los momentos más emotivos llegó con la aparición (aunque breve) de Tito Fuentes, quien debido a problemas de salud ha tenido que ausentarse de los escenarios. Sin embargo, su presencia fue suficiente para prender el lugar. Aunque no pudo hablar, Micky Huidobro fungió como su voz ante el público, transmitiendo lo que Tito quería decir. Armado con su peculiar guitarra, Tito se rifó con “Here We Kum” y “Noko”, recordándonos por qué su estilo es inconfundible y vital para el sonido Molotov.
La energía sobre el escenario era contagiosa. Jay de la Cueva, conocido por su trayectoria con Moderatto y Titán, aportó frescura y profesionalismo, mientras que Pato Machete (Control Machete) sumó ese toque norteño y rapero que encajó sorprendentemente bien con la vibra contestataria de la banda.
Fieles a su esencia, Molotov no dejó pasar el momento para lanzar sus dardos políticos. Tras un mensaje a los migrantes, el coro de “Frijolero” retumbó como si fuera un himno, con el público levantando puños y gritando cada línea. Unos minutos después, Micky volvió a tomar el micrófono para soltar un mensaje directo al gobierno mexicano, dejando claro que Molotov no pertenece a ningún partido, sino a la gente. De inmediato, sonaron “Gimme The Power” y “Hit Me”, reforzando esa conexión entre música, protesta y catarsis colectiva.
En la recta final, los integrantes salieron con suéteres con el logo clásico de Molotov, recordando sus primeras giras de los 90. Entre riffs potentes y una energía inagotable, se aventaron un cover de Los Saicos, seguido de “Rap, Soda y Bohemia” y “Más Vale Cholo”, hasta llegar al inevitable y explosivo cierre con “Puto”. Esta vez, con Pato Machete en la voz, la canción tomó un matiz distinto, pero sin perder ese filo que la convirtió en un estandarte de rebeldía.
Como sorpresa final, Molotov regaló un bonus track inesperado: “Me Comprendes Méndez”, en homenaje al legado del rock mexicano. El público se volvió loco y el Palacio se convirtió en una fiesta total, fusionando generaciones, estilos y un mismo espíritu: el del desmadre con conciencia.
Entre el ruido, los coros y los recuerdos, quedó claro que Molotov sigue más vigente que nunca. Tres décadas después, su mensaje no ha perdido fuerza ni sentido: sigue siendo una banda que incomoda, que mueve, que hace pensar… y sobre todo, que hace brincar.
En su 30 aniversario, Molotov no solo celebró su historia, sino también la resistencia de una generación que sigue gritando al ritmo del “Gimme The Power”.
Reseña: Eliseo Lorenzo
